H.E. Ngozi Okonjo-Iweala

La Dra. Ngozi Okonjo-Iweala es Consejera Principal de Lazard y Presidente de la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización (GAVI, por sus siglas en Inglés). Previamente, ocupó el cargo de Ministro de Finanzas de Nigeria y de Viceministro de Economía (de agosto de 2011 a mayo de 2015). Preside y es miembro de numerosos consejos e iniciativas para el desarrollo de alto nivel a escala mundial, incluida la Comisión Internacional sobre la Financiación de las Oportunidades para la Educación Mundial, el Panel de Alto Nivel del Secretario General de la ONU sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) después de 2015 y la Alianza Mundial para una Cooperación al Desarrollo Eficaz después de Busan. Estudió en la Universidad de Harvard y posee un título de doctorado por el Instituto de Tecnología de Massachusetts.

 

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Reflexiones

Q: Ha ejercido como una gran defensora a nivel internacional del desarrollo institucional y la reforma de la gobernanza en África. ¿A qué se debe su motivación en este aspecto?

A: Las personas y los recursos naturales de África no tienen límites, lo cual, si se fomenta adecuadamente, puede generar una prosperidad excepcional. Las instituciones implicadas en la recopilación, gestión y supervisión de los recursos financieros públicos desempeñan un papel crucial en la consecución del sueño africano y deben empoderarse debidamente para garantizar la disciplina, la previsibilidad de la política ambiental y transparencia a la hora de rendir cuentas del sector público.

La consolidación de instituciones, procesos y sistemas requiere de tiempo y los esfuerzos realizados ya están dando sus frutos. Sin embargo, creo firmemente que esta es la única manera de ganarse la confianza de los ciudadanos y de abordar los desafíos de nuestra sociedad, como la corrupción, las crecientes desigualdades, el grave nivel de desempleo juvenil y la falta de infraestructuras que impide el desarrollo.

Mi trayectoria como promotora de la reforma de la gobernanza y las instituciones en África yace en la historia tanto transformacional como inspiradora del continente desde el cambio de siglo. Los años ochenta y noventa fueron décadas perdidas para África. Como consecuencia, con la llegada de las reformas políticas y económicas que acontecieron en la década del 2000, varias naciones africanas vivieron un retroceso en el crecimiento económico per cápita negativo que generó un aumento significativo de un 5 % en el PIB, mediante una gestión racional de los marcos normativos macroeconómicos, como la estabilización de los tipos de interés y los niveles de inflación y endeudamiento, en combinación con un alivio de la deuda. Todo esto propició un aumento en la confianza depositada en África y aportes en aumento de la inversión extranjera directa, así como interesantes oportunidades para la inversión. No obstante, África necesita esforzarse al máximo para conservar dicha confianza en vista de los recientes desafíos impuestos por un crecimiento lento y un aumento en los niveles de endeudamiento.

Asimismo, las principales partes interesadas a escala internacional, tanto empresas privadas como dirigidas por gobiernos, han invertido considerablemente en África, de forma que algunas se han servido de los ingentes recursos y mercados del continente. A pesar de todo, la esperanza es lo último que se pierde. Gracias a la revolución en materia de tecnología de la información y las comunicaciones, una amplia población africana (en gran parte formada por jóvenes) ahora puede elaborar peticiones en favor de su derecho a tener una vida mejor mediante una gobernanza de más calidad. Se merecen la oportunidad de conseguir sus sueños. Este es el motivo que me hace levantarme cada día.


Q: ¿A qué problemas debe enfrentarse África para reunir los recursos adecuados a nivel nacional en pro del desarrollo?

A: No recaudamos los suficientes impuestos en África. De acuerdo con el Banco Mundial, la proporción impuestos/PIB de 2013 en África subsahariana fue de tan solo un 15,8 %. La ayuda representa un factor decreciente y cada vez resulta más necesario centrarse en la movilización de recursos nacionales para la mayoría de gobiernos africanos. Con bajas proporciones impuestos/PIB y elevadas obligaciones al servicio de la deuda, la mayoría de países no pueden movilizar los recursos suficientes para propiciar un desarrollo financiero.  La gran dependencia de los productos básicos supone un serio problema y de ahí la importancia de diversificar sus economías para resistir a las crisis económicas derivadas de la caída en los precios de los productos básicos. También es esencial mejorar la política y administración tributarias como parte del esfuerzo de generación de ingresos.

 

El Gobierno desempeña una función vital en el fomento de la confianza y la transparencia en la gestión institucional de los recursos públicos, así como en la demostración de una administración tributaria sensata. La falta de confianza conduce a una espiral de carencias todavía mayor, ya que las personas se abstienen de aportar recursos al Gobierno para su uso. Existe un estrecho vínculo entre un gasto público y tributario responsable y unos beneficios evidentes.

 

Q: ¿Qué podría considerarse como un éxito en el abordaje de estos problemas por parte de IFSF? ¿Qué futuro prevé para IFSF?

A: Inspectores Fiscales Sin Fronteras ha realizado encomiables esfuerzos en los últimos dos años, incluida una mayor atención dedicada a la cooperación Sur-Sur, en busca de un despliegue de expertos en auditoría fiscal para las administraciones tributarias nacionales de África y otras regiones.

El éxito del IFSF en la contribución a la recuperación de 414 millones de dólares estadounidenses representa un claro indicador de que se puede recuperar todavía más a través de los esfuerzos continuos del IFSF. Miles de millones de impuestos adeudados siguen estando fuera del alcance de la mayoría de administraciones tributarias de los países en desarrollo. Los países en desarrollo no podrán cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible sin un aumento sustancial en la movilización de los recursos públicos nacionales. IFSF debe asumir dicho cometido junto con otros socios para el desarrollo.

En segundo lugar, la iniciativa debe seguir ejerciendo su función como catalizador para impulsar a las empresas a adoptar niveles más altos de comportamientos tributarios responsables y evitar los riesgos reputacionales asociados a una planificación tributaria agresiva.

Por último, cabe destacar que una iniciativa con una tasa de rendimiento tan elevada todavía requiere de una financiación por parte de los donantes. ¿Por qué? Si contáramos con un apoyo mayor para el IFSF, podríamos generar aún más ingresos. Adicionalmente, una Secretaría más amplia contribuiría a la implementación, dado el crecimiento exponencial de los programas. Los socios de desarrollo pueden aumentar sus acciones para escalar con éxito esta iniciativa y generar miles de millones de dólares en forma de ingresos adicionales. Existe la necesidad de encontrar la forma de dar prioridad al trabajo bien hecho y a todas las posibilidades venideras de fortalecer la capacidad de los países en desarrollo.